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15/10/18

Las Hermanas Del Olmo-Toribio presentan: Cairns y sus alrededores

Hola de nuevo familia, tras algunos meses desaparecida por aquí vuelvo con una publicación cargada de anécdotas y lugares idílicos. Tras unos meses de estudio y trabajo por fin ha tocado viajar y conocer un poquito más de este gran país. En esta ocasión conté con la compañía de Yoli: amiga, compi de casa y hermana. Juntas hemos volado hasta Cairns, una ciudad al noreste de Australia famosa por ser uno de los mejores puntos para visitar la Gran Barrera de Coral Australiana. Efectivamente nuestro principal objetivo era visitar el coral y ya de paso descubrir toda esa zona. Para ello contamos con la ayuda de Curra, nuestra fantástica "caravana" del 97. ¿Por qué Curra? simplemente era blanca, le faltaba la cresta de arcoíris para ser Curro. Durante el viaje tuvimos un fiel compañero que aparecía nada más empezar el día, un pavo y era señal de buena suerte, la mañana que no aparecía junto a curra algo malo pasaba. 

El primer día fue toma de contacto con Curra, Cairns y por supuesto visitar a María. En general la ciudad (Cairns) no vale mucho la pena, es como un Benidorm añejo, tiene un bonito paseo marítimo y ya. La gente era muy agradable, nos dimos cuenta durante el viaje que Sydney es un mundo a parte, la gente fuera de la gran ciudad es más abierta, amable, simpática... son amor en todos los sentidos. Nada más llegar fuimos a una de las miles agencias de información al turista y nos atendió un muchacho muy apañado que nos recomendó una de las mejores compañías para visitar el coral y además nos medio planeo la semana, nos dio muchos consejos y rincones no orientados al turismo de masas, acertó en cada uno de ellos. 


El primer día decidimos dormir en un Parking junto a otra caravana, un parking todo iluminado, una trampa asegurada para ser pillados por la policía y efectivamente a las 5 am teníamos a dos amables policías que simplemente nos pidieron abandonar el parking. Decidimos conducir hacia Glacier Rock pero un tronco en el camino impidió tomar esa ruta, finalmente visitamos unas cascadas y decidimos hacer otra ruta que sorprendentemente acabó en el Glacier Rock, casi 5 km en total sin cruzarnos con nadie. Con ese nombre era lógico esperar una roca blanca (suposiciones de Yoli) pero nada más lejos de la realidad, eran vistas de la costa, montaña, Cairns y pueblecitos. De esa casi salimos ilesas, todo fue bien, a excepción de dos sanguijuelas en los tobillos de las cuales me deshice rápido y no dieron castigo ninguno durante todo el viaje. La segunda noche la pasamos en el parking de las Crystal Cascades, se nos hizo de noche pero aun así pudimos hacer la ruta a oscuras y escuchar como suena una selva de noche.


El segundo día fue El Día, era hora de cumplir uno de mis sueños y de las razones por las que vine a Australia, visitar la barrera de coral. Este día amanecimos rodeadas de pavos, nos hizo un día estupendo para ver vida marina (inciso aquí: llevaban más de dos semanas con días horribles e imposibles para visitar el coral). Las semanas previas me las pasé investigando compañías y diferentes zonas para visitar, tenía unas expectativas muy bajas debido al estado del coral, el blanqueamiento, calentamiento global, contaminación, excesivo turismo... Esperaba ver paredones enormes llenos de corales de colores llamativos y nada que ver con eso, hubo un momento en el que tuve esa sensación y es con la que me quedo pero fue haciendo submarinismo y no snorkel. En general había bastante coral sano pero se podía ver también muchas zonas destrozadas, blanqueadas. Eso sí, peces de todos los colores y formas, tuve la suerte de ver pez payasos, una tortuga y una raya así como ballenas y delfines desde el ferry. En general estaba mejor de lo que me pensaba pero me quedo con ganas de más.


Tras cumplir con nuestro principal objetivo ya tocaba fluir por los alrededores de Cairns, quizás el 50% del viaje ha sido seguir los nombres de los lugares como por ejemplo Kewarra Beach, parada esencial, un pis, lavado de dientes y primera playa paradisiaca que pisábamos. Nuestra ruta era dirección norte hacia Cape Tribulation, para ello había que coger un ferry que a priori nos pareció barato 28$ ida y vuelta, tras montarnos entendimos porque era tan barato, eran solo 20 metros de recorrido en un ferry del año de mi tatarabuela. Nos adentramos en una de las selvas tropicales más antiguas del mundo: Daintree Rainforest. Las probabilidades de encontrarnos un cocodrilo eran quizás de un 80% pero se ve que nosotras pertenecemos al 20%.

Solo por las carreteras y los paisajes merece la pena, llega un punto que se hace muy turístico con tantos cafés y campings, intentamos evitar ese tipo de sitios así que nos metimos en un pista que llevaba a una charca donde conocimos a una chica de Nueva Zelanda que conducía a una prima de Curra. Pernoctamos en medio de la selva y a eso de las 18:55 estábamos ya en la camita. 



Otro título para esta publicación podría ser "En busca del Fig Tree perdido", en esta zona los Fig Tree (árboles formando catedrales, cortinas o simplemente monstruosidades) son un punto clave de turismo, hay como dos o tres bastante emblemáticos, a priori yo iba buscando una higuera hasta que descubrimos que se trataba de un Ficus virens, sin duda el más sorprendente fue el Courtain Fig Tree, este particularmente ha invadido tres árboles formando una cortina de raíces de 15 metros de altura.




Sin quererlo hicimos la ruta de la selva en el sentido contrario, me explico, lo común es entrar e ir visitando todos los puntos importantes de esta selva. Nosotras llegamos hasta el final (no continuamos porque la carretera solo estaba preparada para 4x4), al día siguiente fuimos bajando y parando. Con esto tuvimos la suerte de estar solas en casi todas las paradas del camino. Una de las paradas fue en una playa que había junto a la carretera donde no había casi hueco para estacionar, allí encontramos un árbol gigantesco y precioso, preparado para hacer muchas fotos posturetas. Continuamos visitando Cow Bay que la verdad sin más después de haber visto tres o cuatro playas de la zona, al final son todas casi iguales, os las podéis imaginar como las playas de Piratas del Caribe. 



Todo cambia cuando vemos en el mapa otra "Dirty Road" (otra pista) y por supuesto allá que fuimos a Cape Kimberley sin pensarlo, sin duda alguna mi playa favorita de todo el viaje. La bautizamos como la "Tarifa Australiana", es una playa kilométrica, con algo de viento, palmeras y casi vacía (solo nos cruzamos locales paseando a los perretes). Una buena siesta para recargar pilas y continuamos hacia Port Douglas donde nos reencontramos con nuestro antiguo compañero de casa Diego. Sin duda ver el atardecer en el Anzac Park es requisito indispensable si viajas por esos lares. Esa noche la pasamos en la calle de atrás del hostel donde Diego vive, yo me enamoré del hostel y el estilo de vida de Port Douglas, un sitio donde trabajar, ver puestas de sol con cervecita, música y amigos. Con playas, selvas, rutas, mar y corales; ya tengo meta para el siguiente invierno australiano, pasarlo por allí. A la mañana siguiente nos aprovechamos del desayuno del hostel y desayunamos como reinonas después de ver la salida del sol en Four Mile Beach.


El siguiente destino para lo que quedaba de viaje era indagar Atherton Tableland (meseta) y evaluar sus cascadas. Sin duda esta región nos sorprendió para bien, la mezcla de campo, cultivos de caña de azúcar, montaña, selva, ganado y pueblitos cautivó nuestros corazones. Por toda esa zona tienen montado un sistema de trenes que transporta la mercancía y está comunicado con todos los cultivos por lo que a veces hay que parar (o que Yoli decida parar) y esperar que crucen los trenes por la carretera. Sin querer y queriendo paramos en Yungaburra, decidimos parar por su nombre y luego descubrimos que lo teníamos apuntado en nuestra guía del viaje (en alguna ocasión empezábamos a conducir sin destino fijo). Este pueblo nos robó el corazón por su gente, sus calles con flores, sus establecimientos y por su río con ¡Ornitorrincos! fuimos muy afortunadas viéndolo nada más llegar. La primera noche por esas tierras la pasamos en medio de la nada, entre Asturias y Galicia. 





Según google maps vimos nueve cascadas pero yo juraría que fueron más. Una de ellas realmente no la vimos pero la sentimos y escuchamos (una experiencia religiosa), fue la del primer día que llegamos de noche. Tuvimos la buena o mala suerte de que el día de las cascadas estaba muy feo, lo bueno es que había poca gente y no hacía calor para hacer las rutas y lo malo es que no nos pudimos bañar. Top 5 de cascadas (por si queréis cotillear por internet): Fishery Falls, Zillie Falls, Josephine Falls, Tchupala & Wallichier Falls y Dinner Falls. La primera es mi favorita, para llegar hay que andar casi 3km de subida que es mortal y te hace plantearte muchas cosas en la vida pero merece la pena. 

En general se nota que la gente está quemada de los backpackers, algunas veces son un poco siesos y bordes pero la gran mayoría son encantadores. Nos quedamos con el señor que nos recibió en Kmart con los brazos abiertos, las señoras de la oficina de turismo de Yungaburra, el señor que nos dejo unos prismáticos y nos explico todo sobre las aves y la historia de la región. Para ser temporada alta no estuvo nada mal, pasamos un viaje bastante tranquilo casi solas en la carretera en muchas ocasiones, a la vez pudimos socializar con gente local y con una chica de Nueva Zelanda que como nosotras estaba fluyendo. Al final este viaje se ha tratado de fluir y desconectar y creo que lo llegamos a conseguir, dejar los horarios, las preocupaciones y los altibajos que Sydney nos genera, porque otra cosa no pero nos hemos reconciliado con Australia, a partir de ahora va a ser importante diferenciar Sydney de Australia, diferente estilo de vida, gente, costumbres, ritmos y no somos las únicas que lo corroboran. 


Gracias Yoli por acompañarme, deseando estoy de empezar a planear la siguiente escapada, ¡nos vemos por casa!