Nada más llegar nos metimos en los coches y visitamos la sierra de Tramuntana, visitamos Valldemossa, un pueblo famoso por las cocas de patata, por ser una ciudad donde vivió Chopín un invierno y por tener unas calles tan bonitas y pintorescas. Tras esto fuimos a almorzar a una ermita con unas vistas impresionante y continuamos nuestro viaje en coche hasta Sa Calobra, una de las calas más chulas que he visto nunca. Durante toda mi estancia en esta isla habré visto 600 ciclistas por la carretera, subiendo y bajando carreteras que cortan la respiración incluso en coche.
El resto de día lo dedicamos a visitar la capital, Palma. Hicimos un Free Tour bastante enriquecedor, en el que nos contaron un poco la historia de la isla y algunas curiosidades culturales o arquitectónicas. Subimos al Castillo de Bellver, de los pocos castillos redondos de España. Es una visita barata y recomendable, además ofrece la posibilidad de hacer fotografías chulas. Otro imprescindible de Palma es la Catedral, donde podemos encontrar obras de Gaudí y Miquel Barceló; además de contemplar el juego de luces que dan las vidrieras de la catedral.
Respecto a la gastronomía, a parte de la coca de patata, probé la ensaimada (horas más tarde descubrí que está hecha con manteca de cerdo...), la mayoría de días comíamos en casa o fuera del apartamento pero barato, un ejemplo de esto fue la "ruta martiana" donde en muchos locales te ponían el pincho con la caña por 2'5€.
Como siempre con este tipo de viaje con amigos, me quedo con los ratitos nuestros, esos en los cuales te ríes y no puedes parar, o te enfadas por culpa del desgaste de tantos días juntos, te quejas por lo malo que es el colchón y te sientes comprendida, compartes sentimientos y emociones pero a la vez encuentras tus momentos de calma y reflexión. Y sobre todo, se posturea mucho.



